5 de agosto: celebrar a quienes eligieron el camino de las montañas
Hay quienes creen que un montañista es quien alcanza una cumbre. Pero las montañas enseñan, tarde o temprano, que las cumbres son apenas una parte del viaje.
Montañista es quien madruga cuando el valle aún duerme. Quien aprende a caminar despacio porque sabe que la altura no admite apuros. Quien entiende que dar media vuelta a tiempo puede ser una victoria mucho más grande que llegar arriba. Quien descubre que, frente a la inmensidad de una cordillera, el ser humano deja de sentirse dueño del paisaje para convertirse, simplemente, en un visitante.
Cada 5 de agosto, se celebra el Día del Montañista. Una fecha que reconoce a miles de hombres y mujeres que, desde hace generaciones, encontraron en las montañas mucho más que un escenario para el deporte: un lugar donde aprender, crecer y volver siempre siendo un poco distintos de como partieron.
Nuestro país tiene el privilegio de albergar una de las grandes cadenas montañosas del planeta. La Cordillera de los Andes acompaña el territorio argentino de norte a sur y ofrece una diversidad extraordinaria de paisajes: volcanes, quebradas, glaciares, agujas de granito, inmensos campos de hielo, cerros coloridos y montañas que superan los seis mil metros de altura. Cada una posee su propio carácter, su belleza y sus desafíos.
Pero ninguna montaña se deja conquistar. Esa palabra, tan utilizada durante décadas, hoy resulta insuficiente. Las montañas no necesitan ser conquistadas; necesitan ser comprendidas y respetadas. Permanecían allí mucho antes de nuestra llegada y seguirán estando cuando ya no estemos. Esa certeza es, quizás, la primera gran lección que recibe cualquier montañista.
La montaña también es una escuela de valores. Enseña paciencia cuando el clima obliga a esperar. Enseña humildad cuando una tormenta cambia todos los planes. Enseña solidaridad cuando un compañero necesita ayuda y recuerda que ninguna cima vale más que una vida.
Por eso, el verdadero montañismo nunca fue una competencia. No se mide solamente en metros ascendidos, en récords o en fotografías desde la cumbre. Se mide en decisiones responsables, en experiencia compartida, en respeto por el ambiente y en la capacidad de regresar para volver otro día.
En cada refugio, en cada campamento y en cada sendero se escriben historias que rara vez aparecen en los libros de récords. Son historias de amistad, de esfuerzo, de miedo, de perseverancia y de silencios. Porque pocas experiencias igualan la intensidad de escuchar únicamente el viento entre las piedras o contemplar un amanecer desde la altura, cuando el mundo parece detenerse por unos instantes.
También es un día para reconocer a quienes hacen posible que la montaña sea un lugar más seguro y accesible: guías, instructores, rescatistas, guardaparques, integrantes de clubes andinos, científicos, fotógrafos y tantos otros que dedican parte de su vida a estudiar, proteger y compartir estos espacios extraordinarios.
Hoy, además, el montañismo enfrenta nuevos desafíos. El aumento de visitantes, el retroceso de los glaciares, el impacto del cambio climático y la necesidad de conservar ecosistemas frágiles nos recuerdan que amar la montaña implica también asumir la responsabilidad de cuidarla. No alcanza con admirar su belleza: es necesario protegerla.
Quizá por eso quienes regresan una y otra vez a las montañas hablan menos de las cumbres que de las personas con quienes compartieron el camino. Hablan del compañero que tendió una mano en un paso difícil, del mate caliente después de una jornada interminable o de aquella vez en que el clima obligó a renunciar a la cima. Con los años descubren que esos recuerdos valen mucho más que cualquier fotografía.
Porque las montañas cambian poco. Los que cambiamos somos nosotros.
Cada ascensión deja una enseñanza. Cada regreso nos encuentra con más experiencia, más prudencia y, casi siempre, con más preguntas que respuestas. Tal vez ese sea el verdadero motivo por el cual tantos montañistas vuelven una y otra vez a los mismos lugares: no buscan únicamente una montaña diferente; buscan volver a encontrarse consigo mismos.
En este 5 de agosto, el homenaje es para todos ellos. Para quienes hacen del esfuerzo una forma de disfrutar, del respeto una norma de vida y de la naturaleza una maestra permanente.
Feliz Día del Montañista!
Que nunca perdamos la capacidad de maravillarnos frente a una montaña. Porque las cumbres se alcanzan una vez. Pero las enseñanzas del camino nos acompañan para toda la vida.